|
Raúl Benoit es un caleño con apellido francés que se declara absolutamente colombiano. A pesar de lo que dicen, él nació en la capital de la salsa , una música que lo hace vibrar y sentir que sus raíces están aquí y por las que se pelea a golpes, si es necesario, porque no le gusta que le digan que es un forastero.
Este periodista, que empezó hace 23 años su carrera en los medios escritos del Valle, descubrió desde la adolescencia una vocación que lleva en la sangre: ser reportero. Primero pasó por las páginas juveniles de El País y luego de Occidente, hizo radio en Caracol y Todelar con programas de farándula, un tema que cubrió durante varios años, incluso cuando estudió dos años de derecho en Cali, más por darle gusto a su padre, que por convicción propia.
Los códigos y el derecho romano quedaron atrás y siguió son sus páginas juveniles. Durante un tiempo también fue empresario de farándula pero su vena periodística lo llevó nuevamente a la reportería, esta vez como redactor de la sección Metropolitana de El País, en donde tuvo que cubrir la primera gran noticia de su vida con la masacre de Tacueyó.
Desde entonces, 1983, cubre un tema complicado en Colombia: el orden público. Primero para noticieros de televisión y agencias nacionales, y luego para la cadena americana Univisión, desde hace diez años. En este tiempo se ha dedicado a dar las noticias que durante estos últimos años han enmarcado un panorama violento en nuestro país.
Los periodistas también lloran Hoy, como jefe de la oficina de Univisión en Colombia y corresponsal permanente, ha tenido que cubrir las más difíciles noticias, entre ellas, la bomba en el avión de Avianca que explotó en el aire el 27 de noviembre de 1989. Ese día, en medio de los cadáveres y la chatarra del avión destrozado, vio la cabeza de un amigo y el cadáver de un primo de su esposa. Mientras grababan, lloró.
Pero su labor no solo le ha traído lágrimas. Ser el corresponsal de una cadena internacional en Colombia en esta época también le ha traído dolores de cabeza. Tres atentados y varias situaciones anormales, como él las llama, lo hacen andar hoy con guardaespaldas, por decisión de sus jefes.
El dice que preferiría que la gente supiera que sólo cumple con su deber, haciendo un periodismo imparcial, tal como lo dictan las normas de la empresa para la que trabaja y que el problema de la mala prensa de Colombia es un asunto del miedo al qué dirán.
-¿Cómo un periodista que está en ciernes y que cubre farándula se mete a cubrir una noticia como la masacre de Tacueyó? -Con mucho temor porque es un periodismo más responsable, aunque no demerito lo que es la farándula pero la responsabilidad que hay con asuntos sociales, políticos o económicos es mucho más grande.
-A usted se lo conoce como un periodista apasionado con el tema del orden público, ¿qué lo hizo tomar las cosas con tanta pasión?
-Cuando me encontré esa historia de la masacre, entendí que esa es mi vida. Pero también desde esa época tuve problemas porque a mi el asesino de Tacueyó, un señor Delgado que hoy está en la cárcel, me entregó las cédulas de las personas muertas. Al poco tiempo trataron de incendiar mi casa.
-¿Usted cómo reacciona en el momento de cubrir la noticia?
-En el momento me meto en mi trabajo, pero después, cuando llegó a mi casa y veo a mis hijos, siento mucho dolor. Recuerdo una noche que pasamos aterrorizados escuchando cinco explosiones y sólo esperábamos que retumbaran encima de nosotros, en la época de Pablo Escobar.
-¿Por qué cree que ha sido amenazado y que le hayan echo atentados?
-Yo creo que la independencia periodística trae problemas y eso es así con los militares, los políticos, la guerrilla o los empresarios, uno nunca va a darle gusto a todos. A mi mis jefes me han dado plena libertad para decir las cosas como son y nunca me han manipulado la información.
-¿Y según usted como son las cosas? -Deben ser independientes, el periodista debe informar lo que debe informar. Uno no puede ocultar la realidad de un país por el qué dirán. Por la imagen en el exterior, porque hay que lavar los trapos sucios en casa. No, la verdad es única, y el periodismo es único y hay que ser responsable con la audiencia. Yo he hecho noticias políticas y de orden público, y algunas veces la gente creyó que yo tenía tendencias de izquierda.
-¿Por qué? -Porque mostrábamos la realidad de lo que estaba pasando. Había veces que mostrábamos crímenes de campesinos en donde se tenía plena confirmación de que había sido el Ejército. Yo lo confirmaba y así salía. Pero a veces también dicen lo contrario de mí. El periódico Voz Proletaria publicó una vez que yo era un agente del Ejército, por todo esto, me gané enemigos de lado y lado.
-Son muchos los periodistas que cubren orden público en el país, pero pocos tan controvertidos como usted. ¿Por qué cree que es así?
-Yo creo que es la independencia, yo me considero independiente.
-¿Cómo plasma su independencia en sus notas? -No opino, no editorializo, mis hechos son las noticias tal cual suceden. Yo llevo 10 años en Univisión, si yo no cumplo esa norma, me echan.
-¿Qué significa trabajar como corresponsal en una cadena internacional en Colombia?
-Es doloroso, cuando escribo las notas, pienso que cada palabra que yo diga le va a doler a los colombianos que están en el exterior, por eso trato de que se suavice la nota. Pero hay hechos que no se pueden adobar, como lo del presidente Samper. Uno no puede decirle a la audiencia de otra manera, lo que pasó. Pero es que la percepción de mala imagen del país es más de los Colombianos que de los extranjeros, ellos lo ven como un hecho noticioso, nosotros lo sentimos y a la gente le da rabia, por eso dicen este Benoit no quiere a Colombia .
-¿Qué le ha costado en su vida personal este trabajo?
-Mucho. Mi vida cambió desde que empecé a hacer periodismo. Yo me volví un hombre huraño, en este momento no asisto a ningún tipo de acto social que pueda comprometer mi independencia. Y eso lo vuelve a uno antisocial.
-¿Por qué? -Porque ciertas personas crearon esa imagen de decir que Raúl Benoit es el que habla mal del país. De que estaba en contra del presidente Samper o de otro gobierno o del propio país y eso no es así. Yo quiero a mi patria, yo soy colombiano y algunos irónicamente dicen que no lo soy. Yo quiero que la gente me vea como soy yo, no sé si es que la gente tiene una imagen diferente de mí porque digo malas noticias, pero tienen que entender que todos hacemos los mismo. Yo hago lo mismo que mis otros colegas, con la diferencia de que yo lo hago para una cadena extranjera, con independencia absoluta, sin editorializar, sin volverme parcial.
-Un reportero de guerra no es reportero si no hay guerra, irónicamente las condiciones del país estarían dadas para que usted desempeñe su trabajo. ¿Si las condiciones cambian?
-Yo nací para ser reportero de guerra, pero si las condiciones cambian hay dos alternativas, una que me trasladen o dedicarme a lo que me gusta, a otras cosas, el campo a mi finca.
-¿Cree que un reportero puede aislarse así?
-Cuando me ofrecieron irme a manejar la oficina en Chicago o en Puerto Rico me advirtieron que me iba a morir pero del aburrimiento. Yo allá haría dos notas semanales, aquí hago siete y a veces más. Yo he vivido cubriendo tantos años esto del orden público, lo que llaman reportero de guerra, que me he enquistado en ese mundo de estas noticias tan grandes que produce Colombia que de pronto no me puedo salir y eso me da miedo.
Para leer el original: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-615468#
|