BENOIT, AL GRANO

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ARTICULOS 2010

Un jardin de rosas

Parrocos tristes

Bajo un Estado de terror

Que encrucijada tan tenaz

Una mirada lastimera

Llorar a moco tendido

Dictadores histericos

Los angelitos rebeldes

Depresion post-navidad

ARTICULOS 2009

Indecentemente ambiciosas

Que no muera la fantasia

Cultura de la muerte

Lecciones catrachas

Un cachito no molesta

Feisbuqueo, luego existo

Amor egoismo no conjugan

Otra dosis de paranoia

Bievenidos al socialismo

La Estafa del siglo XXI

Trama de una Pandemia

Exceso de precaucion

Inhalando la Selva

Marcianitos Verdes

El Hambre asedia

La Tragicomedia Aerea

Laberinto de impunidad

Blanco es gallina lo pone

Olla a presion estallando

Reyes de un reino falso

La paciencia del paciente

Farc vivitas y coleando

Democracia Fetida

Un mandato Divino

Libertad Neo-comunista

Mentirosos, mentirosos

No son santitos

!Detengase Mel Zelaya!

Gastemos que pago despues

No es monedita de oro

Chavez y la salud mental

Mexico en la cloaca

No es llamarada de tusa

Revolucion en silencio

Tentaciones de sotanas

Mama tu siempre puedes

La Vida es Buena

Se me quema el arroz

Mas alla del deber

Mercaderes del miedo

El dedo en la llaga

Al fondo a la izquierda

Matanzas: mal sociopatico

Infortunio de ser policia

El talon de aquiles

El poder engolosina

Legalizar, El agua tibia

El bazar de los idiotas

A roer el hueso

Esclavitud de lo chiviado

Terroristas Financieros

Comprando Impunidad

La guerra perdida

ARTICULOS 2008

Monstruos ciberneticos

Mi Primera Bicicleta

El hambre, un pecado

Camino a la luna de hiel

Comandante de la traicion

¿Por que temen a Santos?

Amores quimicos

Si yo fuera Obama

Exceso de Esperanza

Mordaza a la mordaza

¿Que sera lo que quieren?

Mexico igual que Colombia

El vecino comio pato

¿Quien tuvo la culpa?

Amigos con derechos

Que gobierne el instinto

El bufon seductor

La viga en el ojo propio

Seguridad aerea volando

Un jugo de fruta fresca

Los Jinetes de la Muerte

Frustraciones de un cura

Generacion reemplazo

Lorenzo Ramirez

Las Indignas Sirvientas

Demasiado Perfecto

Libertad y el Amor

¿Una nueva Dictadura?

La suerte esta echada

Contacto del Tercer Tipo

Los Muertos se Levantan

Robert, el Gringo Bueno

¿Quien esta detras?

La Chispa de la Vida

La Mordaza, 05/02/2008

El Imperio, 04/27/2008

La Secta, 04/18/2008

Patriotero, 04/11/2008

Facebook, 04/03/2008

Sopa plastica, 03/28/2008

Nalgaditas, 03/19/2008

Los Pecados, 03/14/2008

Complices, 03/07/2008

Ingrid, 02/28/2008

El Celular, 02/22/2008

San Andres, 02/15/2008

Farcsantes II, 02/08/2008

Decadencia 01/25/2008

La madre, 02/01/2008

Garrotazos, 01/18/2008

El Bufon, 01/11/2008

El susto, 01/03/2008

ARTICULOS 2007

Los hijos, 12/26/2007

Virginia, 12/20/2007

Maricarmen, 12/15/2007

A la Siniestra 11/23/2007

Anacronico, 11/16/2007

Los Garifunas, 11/09/2007

Agua envasa... 10/13/2007

America sonad, 10/12/2007

Picando al... 10/04/2007

Aburrido... 09/27/2007

En la corte... 09/20/2007

Prohibido, 09/13/2007

Farcsantes I, 09/06/2007

Show Time, 08/30/2007

Pesadilla... 08/23/2007

Chicos Malos, 08/16/2007

Senales.. 08/08/2007

“LITTLE PROBLEM”, English

The Monster, English

Arrepentios, 08/08/2007

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10 Pintor Fernando Botero

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CONSEJOS DE PERIODISMO

RAUL BENOIT

Raúl Benoit es el primer escritor en español invitado a:
DECATUR BOOK FESTIVAL

Del 29 al 31 de agosto de 2008 en Atlanta, Georgia


"LOS PERIODISTAS SOMOS PELIGROSOS ENEMIGOS DE LOS CORRUPTOS": RAUL BENOIT.

(Fotos de la conferencia en "Decatur Book Festival", abajo del texto)


Las palabras comenzaron a seducirme cuando rondaba los 10 años de edad. Escribía un periodiquillo de barrio que alquilaba a los vecinos, el cual ellos lo leían más por indulgencia que por interés de informarse de las noticias de la barriada.

En ese tiempo aprendí a venerar este oficio de periodista y escritor. Entendí que las palabras, bien usadas, con honestidad y respeto, podían servir para ayudar a la gente. 

Esos lectores casuales y espontáneos fueron, en parte, mis primeros maestros, porque ellos mismos me pedían qué tipo de noticias querían leer: por ejemplo, en vez de escuchar que fulano llegó borracho a su casa, preferían leer una crítica al alcalde local, para que tapara los huecos de la calle principal del barrio. 

Después vinieron las grandes ligas: periódicos de verdad, radio y televisión. Allí también tuve maestros positivos, pero en forma lamentable algunos negativos. Sin embargo, paradójicamente, las mejores enseñanzas fueron las que me proporcionaron esos profesores que me abrieron los ojos dándome malos consejos y malos ejemplos.

En el libro PROHIBIDO DECIR TODA LA VERDAD, capítulo 3, titulado “Malas Compañías”, relato la siguiente anécdota:

“Yo trabajaba haciendo una página dedicada a la juventud en el periódico El País de Cali. Tenía 20 años de edad. Un día me dieron la oportunidad de hacer una investigación sobre una red de corrupción en Yumbo, una pequeña población industrial, en el noreste de Cali..."
 
"... En esta investigación periodística, descubrí que un grupo de Concejales recibió prebendas a cambio de permitir la invasión ilegal de un espacio público. Los Concejales aceptaron dinero para consentir que se instalaran casetas de ventas de comida, licor y refrescos, lo que dañaba el medio ambiente, la estética y la tranquilidad del parque público. Los dueños del periódico me prohibieron publicar la crónica, con la equivocada razón de que nunca se podía hablar mal de los Concejales de Yumbo, porque las industrias de la familia propietaria del diario, recibían favores especiales en rebajas de impuestos y velados permisos para que no las sancionaran por contaminar el ambiente.

Ese mal ejemplo fue un gran enseñanza. Me propuse que jamás volvería a ser censurado y nunca trabajaría con jefes que no se atrevieran a decir toda la verdad.

Pero las cosas empeoraron con el tiempo porque cuando el producto final, es decir la noticia que llega al público, veraz y honesta, sirve para el bien común, los periodistas y escritores nos convertimos en peligrosos enemigos de los corruptos, porque perjudicamos sus intereses particulares.

Capítulo 1, “Cuando el destino apremia”.

“En aquel tiempo, tan sólo el olor a la tinta recién impresa en el papel periódico o el sonido de una rotativa de prensa me sedujeron. Quizás me enamoré del oficio cuando apenas cumplí 11 años. Pronto descubrí que detrás de esa atracción simple poseía un deseo intenso y profundo de expresarme. Creía, románticamente, que el periodismo debía ser un servicio a los demás y que mediante las palabras, con la verdad y la honestidad, haría cosas grandes. Pero poco a poco aprendí crudamente que en Colombia se prohibía decir toda la verdad; que la pobreza se consideraba pecado; que la justicia y la ley, como decían en antaño, se aplicaba sólo para los de ruana y que los privilegiados la impartían a su conveniencia. Supe que la codicia definió el futuro de la paz o la guerra de la nación. La ingenuidad, la inocencia y el idealismo periodístico lo fui perdiendo, como quien pierde la virginidad en una noche ausente de amor y desprovista de pasión, sin derecho a réplica".

Al pasar el tiempo fui transitando hacia noticias mas dolorosas. La guerra de guerrillas en Colombia dejaba rastros de sangre en campos y ciudades. Como periodista novato, descubrir que detrás de esa guerra habían más patrañas y mentiras, y menos ideales revolucionarios (por parte de los rebeldes comunistas, por ejemplo), y falta de consagración por la patria (por parte de los militares), fue otra gran desilusión.

Aquí les leo dos ejemplos de esa realidad:

Capítulo 1, “Cuando el destino apremia”. "El jefe rebelde del grupo que me escoltaba me ordenó esconderme entre los matorrales, junto a dos jóvenes guerrilleros. El resto de insurgentes siguió caminando, simulando ser campesinos. Nosotros nos ocultamos a unos 20 metros sin hacer ruido. De un momento a otro surgieron entre los soldados uniformados, cinco hombres vestidos de civil junto a dos encapuchados..."

"-Estos son- señaló uno de los encapuchados, apuntando con su dedo acusador. Sin siquiera dejarlos hablar, los supuestos civiles dispararon contra los rebeldes desarmados y después le dieron a cada uno un tiro de gracia. Los soldados uniformados fingieron no ver nada. Me encontré, por primera vez en mi vida, frente a una ejecución sin Código Penal. A punto de gritar, uno de los rebeldes me tapó la boca y me lanzó hacia el barro. Allí quedamos un par horas más, hasta que ellos decidieron seguir el rumbo, absolutamente en silencio. De esa manera hallé otra respuesta a mi pregunta de por qué la guerra continuaba en Colombia".
 
Pero, la guerrilla también ha tenido sus propios pecados.

Capítulo sobre las FARC, el autodenominado “ejército del pueblo”:

"-Nosotros pasamos por las regiones donde hay cultivos. No le podemos decir a la gente: ¡Acábelos! Es un problema de recursos económicos, que le da lo necesario para vivir. Entonces cobramos un impuesto a los compradores. Nos pagan alguna “chichigua”  y eso es lo que queda para vivir nosotros-, me dijo Jorge Briceño, conocido como El Mono Jojoy, comandante militar de las FARC, sin mostrar vergüenza. La verdad era otra. Aunque las Farc comenzaron a beneficiarse del narcotráfico al inicio de la década de 1980 y al principio sólo se comprometieron a cuidar los cultivos y laboratorios, ahora los administraban en medio de la manigua. Al Caguán, los compradores de la base de coca y la heroína, llegaban a negociar con ellos, con la libertad que da un Estado independiente. En el tiempo de esta entrevista, salían hasta dos aviones llenos de droga cada mes, que descargaban en México y en Cuba. Aquí se desplegó la alianza irreparable y el relevo del negocio maldito. Las Farc actuaban como un Cartel, el del ejército del pueblo. Cada vez que un toxicómano del mundo consumía droga, financiaba indirectamente la guerra civil colombiana y en parte se hacía responsable por los cientos de muertos".

A medida que fue creciendo la importancia de las noticias que transmitía, aumentaron los enemigos y su capacidad de hacerme daño.

Capítulo 5, “Entre Plata o Plomo”, la sentencia de Pablo Escobar. Relato de uno de los atentados: “Cuando escuché la detonación de mi propio revólver distinguí que no podía echarme para atrás. Logré dar el primer golpe y eso me concedió ventaja. En pocos segundos varias personas huyeron despavoridas y otras se arrojaron al piso, con la certeza de que tendiéndose ahí, las balas no las rozarían. Los carros se cruzaron entre sí y algunos escaparon subiéndose a los andenes. No alucinaba, pero no podía creer que vivía un suceso real. El hombre que provocó este caos corrió, disparando como loco. En medio del desorden y la tensión, sentí un intenso calor que me quemó al agarrar entre mis manos el revólver... Los transeúntes me gritaron de terror y suplicaron ¡Mátelo!, pero no comprendí por qué lo decían. El susto, tal vez los obligó a expresarse así".

De esa manera, esquivando el plomo, es decir las balas, de Pablo Escobar y de otros narcotraficantes; el plomo de la guerrilla que me creía informante del ejército y el de los soldados corruptos del ejército que me acusaban de ser comunista y militante subversivo, cumplía con mi trabajo como corresponsal de noticias en Colombia.

Las amenazas y los intentos de matarme se multiplicaron cuando ingresé a Univisión en 1987. Tal vez los enemigos, ganados por ejercer el oficio de periodista, les preocupó que la verdad se diera a conocer en el mundo. Una realidad que no se podía ni se puede ocultar.

Mi convicción es que quien esconde la verdad, se vuelve cómplice de los corruptos, de los narcotraficantes, de los guerrilleros asesinos y secuestradores y de los paramilitares criminales.

En ciertos casos algunos periodistas colombianos fueron cómplices por acción u omisión. Les voy a contar algo curioso y quizás, más bien, extraño... Cuando comencé a denunciar la violencia desatada por los carteles de la droga, especialmente por Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín, ciertos periodistas comenzaron a señalarme como un anti-patriota o vende-patria.

Escobar ponía bombas y mataba gente inocente y mostrar esta verdad, era dolorosa, pero había que hacerlo.

En algunas emisoras de radio, en programas de televisión y comentarios de prensa, me reclamaban porque yo “hablaba mal de Colombia”... “Los trapitos sucios se lavan en casa”, decían. Querían que esa realidad se encubriera con el manto de la complicidad.

Estos colegas, generaron en la opinión pública, una antipatía peligrosa que prácticamente validó a los sicarios (asesinos a sueldo) para que me mataran.

Entonces, mi vida cambió. Me tuve que esconder. Dormía en la oficina de Univisión y pocas veces salía a mi casa. Tuve que descuidar a mis hijos y a mi esposa.

Sub-capítulo 3, “Maten a ese hijuepuerca que en Colombia nadie lo quiere”.

“Siempre me tuve que cuidar de dos enemigos: los asesinos a sueldo y los que me tildaban de antipatriota o vende patria. Muchas veces sentí estar a punto de sufrir una de dos muertes: la moral o la física. Para cuidarme de un inminente ataque moral, sin darme cuenta me censuré. No quise seguir siendo señalado como el vende patria. Para ciertas personas, acusar a un periodista de hablar mal del país fue una manera fácil de echarle la culpa a alguien del verdadero origen del problema. Juzgué con severidad el oficio de periodista, porque dejamos de ser los garantes de la justicia social. El oficio de periodismo sufrió una mala mutación. Cuando comencé, lo idealicé diferente: un medio para ayudar a los demás, servir al bien común y al desarrollo de las naciones, pero en la época en que medios de comunicación tomaron partido en la guerra o se usufructuaron de esta, se convirtió en una carrera de ambiciones, envidias y pasiones. Dejó de ser el trabajo noble del cual me enamoré en mi adolescencia. Perdí la fe en el oficio y quizás en la gente. Sin embargo, recapacité sobre autocensurarme y entendí que esa medida iba contra mi convicción periodística. Volví a decir toda la verdad..." 

"... Tal vez esta decisión personal y profesional, avivó los odios del pasado”.

El último atentado, de cuatro que me hicieron en los años que fui corresponsal de noticias de Univisión, se originó porque estaba realizando una investigación de un plan secreto en donde paramilitares de derecha se aliaron con políticos corruptos para llegar al poder indirectamente.

Un hombre, que resultó ser policía, pagado por las mafias del narcotráfico y los paramilitares, intentó matarme en febrero de 2001, en la ciudad de Cali, Colombia, donde había viajado para asistir a una ceremonia religiosa en memoria de un tío muerto. Hirió a uno de los guardaespaldas... Hubo un antecedente: otro guardaespaldas, asignado por el gobierno fue asesinado seis meses antes en Bogotá.

Capítulo 1, “Despertando de la pesadilla, en el destierro”: “Mientras me arrojé al suelo, ayudado por un empujón de mi cuñado, escuché un tiro. Él apenas agachó su cuerpo, porque quien disparaba parecía atacarme sólo a mí. Entonces, en el piso de la calle, me arrastré utilizando los codos y las rodillas para mantenerme lo más bajo posible y comencé una veloz carrera hacia la vida, como lo hice antes. Sentí mi corazón palpitar vigorosamente y en mi cerebro escuché los latidos, como si estuvieran a punto de explotar mis arterias. Al mismo tiempo que me desplazaba apuradamente, oí el segundo disparo y después el tercero. En ese momento las esquirlas del cemento me picotearon la piel. El sicario, después de no atinar en su ataque inicial y todavía sobre su moto estacionada, se empinó, quizá por no poder visualizarme y trató de encontrar mi cuerpo levantando su brazo, disparando al piso en forma desordenada, por encima del carro. Quería propinarme un balazo a como diera lugar. Seguí en mi huida y terminé en el otro extremo del automóvil, mientras mi cuñado huyó temeroso, quedando a salvo de la línea de fuego...”

“... Segundos antes vi surgir de la nada a ese sicario. Posiblemente estaba escondido entre los árboles. Noté que viajaba en contravía, zigzagueando e inesperadamente paró frente a mí, gritó ¡periodista!, y vi que levantó un revólver. Ahí me lancé al suelo, pero alcancé a ver que el individuo portaba un casco protector en su cabeza. Distinguí sus ojos y las gotas de sudor que corrían por su cara”.

Me pregunté ¿por qué habían ordenado mi muerte en ese febrero de 2001?

Capítulo final:
 
“A determinados periodistas les revelé que yo investigaba sobre el proyecto de los grupos de ultraderecha llamados Autodefensas Unidas de Colombia –Auc- (conocidos como paramilitares), que asociados con políticos y narcotraficantes, planeaban promover una dictadura en Colombia y re-fundar la patria. Crearían organizaciones no gubernamentales –ONG’S-, para patrocinar subrepticiamente candidatos al Congreso. Una vez en el parlamento, se encargarían de maniobrar leyes, legalizando a los paramilitares y de paso a los narcotraficantes, que se unieran al plan. Seis años después, a comienzos de 2007, se confirmó que esa estrategia fue real, cuando explotó el escándalo llamado en Colombia la parapolítica, en el cual se develó que por los menos cincuenta parlamentarios firmaron un acuerdo con los comandantes paramilitares, en Santa Fe de Ralito, un caserío en el norte de Colombia, donde pactaron crear ese movimiento que los ayudó a llegar al poder. Una vez en el congreso favorecieron una ley de amnistía, para los miembros de las autodefensas, encubriendo a reconocidos jefes de los carteles de la droga, incluso pedidos en extradición por Estados Unidos. Tal como se los advertí a ciertos colegas, el acuerdo lo hicieron en julio de 2001, pocos meses después del atentado contra mí. La iniciativa de amnistiar surgió del propio gobierno del Presidente Álvaro Uribe Vélez. Después de que asumió el poder en agosto de 2002, negoció con las Auc y permitió que unos 30 mil combatientes paramilitares entregaran sus armas y se les dieran privilegios de patriotas, aunque durante años procedieron como los más crueles criminales de la historia colombiana y en 2001 el Departamento de Estado de los Estados Unidos, incluyó a las Auc en la lista de grupos terroristas del mundo. Uribe cuando fue Gobernador de Antioquia, promovió las Cooperativas de Seguridad Privada –Convivir-, que después se descubrió como la primera intención de legalizar el paramilitarismo".
 
¿Uribe tuvo una responsabilidad en esto? Algún día tendrá que confesárselo a los colombianos y al mundo".

PROHIBIDO DECIR TODA LA VERDAD, no pretende ser un libro enjuiciador. Por el contrario. Aunque revelo sucesos en los cuales fui testigo ocular y denuncio la verdad de una guerrilla farsante; aunque cuento la realidad de unos militares corruptos que olvidaron su deber patriótico; la verdad de los políticos y periodistas corruptos que vendieron su alma al diablo por codicia y aunque revelo secretos desconocidos de la guerra colombiana y por qué comenzó y por qué prosigue... el verdadero propósito del libro es dar una luz de esperanza y un mensaje positivo sobre Colombia y cuál es el deber de los ciudadanos para cambiar el rumbo de la nación.

Estos relatos no son una autobiografía, solamente son un testimonio personal que espero sirvan para hacer recapacitar a las personas que tienen hijos y nietos, y que por la violencia y la indiferencia existente en Colombia, quedaron atrapadas en su propio destino.

Los periodistas y escritores de no ficción, tenemos más que un deber, una obligación con la gente que nos lee o nos escucha: decir la verdad con honestidad, fidelidad y dignidad.

EPILOGO, “Levando Anclas”: “Un día, frente al mar, idealicé la paz entre los colombianos, así como lo logré hacer conmigo mismo. Al fondo de la inmensidad del agua azul, separada por miles de millas náuticas, estaba esa tierra que tanto amaba, todavía sumergida en una guerra civil inservible, inútil; pero también sabía que existía la esperanza en los que quedaron allá y los que vivíamos con el corazón en el exilio, aguardando que el tiempo mejorara. Ese día entendí que aunque en la vida hubo caminos largos y difíciles, también esos caminos estuvieron llenos de lugares y parajes donde aprendí y perfeccioné la mente, el cuerpo y el espíritu, lo que me permitió expulsar la maldad y la perversidad que algunos seres humanos pretendieron usar contra mí y en donde también pude conocer la bondad, la compasión y la fortaleza para seguir adelante..." 

"... Alguna vez sólo preferí soñar porque la realidad la sentí con crueldad en mi corazón, pero después elegí disfrutar cada minuto de mi existencia y convertir los sueños en realidad. Había llegado el momento de levar anclas y comenzar una época nueva. Comprendí a tiempo, pero irónicamente también un poco tarde para ciertas circunstancias, que sin amor no hay perdón y sin perdón no hay vida".

 

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